viernes, 23 de julio de 2010

DEBATE CULTURAL: Comunicados que van y vienen

A QUIEN PUEDA INTERESAR Santiago Pérez Jiménez (mediados de 2009)

Por muchos en el municipio, es conocido mi trabajo como docente de español y literatura al mismo tiempo que el desarrollo de distintas actividades de carácter cultural: Cine Club, talleres de promoción a la lectura y bibliotecas, programas de realización audiovisual, entre otros. Paralelamente a estas actividades que podría definir como mi pasión y mi verdadero proyecto de vida, me vi inmerso desde el año 2003 en el ámbito “político” mediante mi participación en el Consejo Municipal de Cultura de Chía.
De forma muy lenta pero cierta, fui descubriendo cómo año tras año el Consejo de Cultura de nuestra ciudad se constituía bajo un marco legal tímido y permisivo; y se nutría de las ilusiones románticas de todos los consejeros en participar de alguna manera en la construcción de políticas culturales que tanto necesitaba y necesita el municipio.
Sin embargo y pese a los ingentes esfuerzos por construir un espacio de concertación democrático sólido, me di cuenta al fin, que este consejo con los años era más bien (y como se dice en las últimas invitaciones) un acto de “obligatorio cumplimiento”, pero carente de un objetivo pragmático evidente que se reflejara en decisiones concretas en beneficio de los habitantes de esta ciudad.
Al ver en retrospectiva mis “aportes”, considero oportuno mi retiro de esta institución, en vista de que una vez más el director de cultura de turno ha venido obviando los objetivos fundamentales que tiene este consejo, que aunque loable en el papel, es en la práctica, sólo un órgano más dentro del panorama burocrático. En muy poco o nada este organismo ha aportado a la concertación y creación de una verdadera política cultural para Chía.
Es preocupante ver que con el tiempo, la cultura y el consejo son sólo un espacio “obligatorio” que en nada contribuye al desarrollo cultural. Con los años no he cesado de hacer aportes concretos (como pueden verse en las actas), ofreciendo soluciones específicas en materia de contratación, diseño de proyectos y demás iniciativas que fortalezcan el trabajo de los gremios a los que he representado; pero nunca se han logrado avances significativos en cualquiera de los terrenos en los que he colaborado.
Finalmente, y en vista de la coyuntura política y social que nos agobiaba, inferí que era posible un cambio que quizás la diera un vuelco total a lo que venía siendo el Consejo de Cultura. Vuelco que no se dio, por culpa de una funcionaria obstinada, ajena a la realidad cultural del municipio y desconocedora sin par de lo que puede soñarse pero al mismo tiempo construirse a partir de los crasos errores del pasado.
Las últimas propuestas de mi parte estuvieron dirigidas a la generación de confianza por parte de la Subsecretaría de Cultura. Se realizaron distintos aportes sinceros para incluso, a partir de las nefastas experiencias de administraciones anteriores, se lograra un cambio radical en materia de concertación de políticas transparentes. Lastimosamente, se volvió a hacer caso omiso de estos aportes, pues el silencio y la falta de hechos concretos frente a los mismos, es más elocuente que cualquier discurso de participación y construcción colectiva.
Incluso, se nos indica en cada invitación que “El compromiso con la comunidad de Chía es imperiosa (sic) y debemos seguir fortaleciendo la cultura del Municipio, articulando las actividades relacionadas con el fomento, la promoción y la difusión del patrimonio cultural y artístico de Chía”. Lo que indica esta frase ¿Es sólo responsabilidad de los consejeros de Cultura o también esta sentencia debe tenerla presente la dirigente cultural de nuestra ciudad? Evidentemente y desde adentro, puedo ratificar que nunca se hizo caso a cualquier propuesta planteada, y el panorama sigue cada día más incierto y abstracto; entonces ¿Quién está faltando a su compromiso?
Más de tres meses han pasado desde mi última intervención. Allí hice un llamado vehemente frente a lo que podría ser un panorama abierto en donde cualquiera pudiera intervenir bajo las distintas modalidades de contratación, pero una vez más, estas palabras hicieron eco en medio de las paredes del sitio de reunión, pero nunca en los oídos de la dirigente o sus “eximios” asesores, que perpetúan un sistema de contratación confuso y que no cuenta (ni contará) con criterios de selección públicos y objetivos.
Con entusiasmo, vimos como se intentaba desde el consejo fortalecer la cultura del municipio que reposa en los verdaderos artistas de la ciudad, pero que innegablemente dependía de la voluntad fortuita de una Subsecretaria que, como los anteriores directores, terminó por hacer lo que su poco juicio le permitía. En otras palabras, la Subsecretaría de Cultura siguió redundando en los mismos manejos cuestionables, la poca planeación, el mal criterio y un juicio apasionado y subjetivo que terminó, en primer lugar, por alejarme de la cátedra de literatura de la Casa de la Cultura, hasta finalmente como lo hago hoy, de lo único que me ata al gobierno local: el Consejo Municipal de Cultura.
Considero que cualquier cargo que haga parte de la esfera de lo público, genera una correspondencia social evidente, al mismo tiempo que sustenta el respeto hacia unos principios éticos que se encuentran muy por encima de lo individual. Cuando esto no ocurre, y las decisiones en cuanto a la política cultural son rechazadas u obviadas, es evidente que se atenta contra los principios de la igualdad y la democracia; porque la democracia es el derecho a disentir, a que a partir de la diferencia se logre un proceso de cambio necesario pero al mismo tiempo respetuoso. Situación que a las claras no se dio nunca y no se dará bajo los principios autocráticos de una funcionaria que no le interesa reconocer en esa diferencia los distintos aportes que a través de ella puedan darse frente a las diferentes situaciones que aquejan a la cultura local.
Cuando un funcionario apela a criterios personales para descalificar mi trabajo (o el de muchos otros trabajadores de la cultura) o bien cuando un funcionario público hace caso omiso de las sugerencias que provienen de los verdaderos gremios artísticos, se atenta contra la ética de lo público. En mi caso, es necesario dar un paso al costado para que con este gesto (de pronto cargado de escepticismo o desilusión), se genere un nuevo panorama en materia de políticas culturales. Aunque es evidente que quien debería renunciar es otra.
Así pues y frente a este panorama, veo consecuente con mi carácter y mis principios éticos, no seguir siendo parte de una organización que no respeta la diferencia y mucho menos toma atenta nota de las sugerencias para que aunque sea, las decisiones que al final de cuentas reposan en el fuero interno y el criterio exclusivo de un funcionario, hayan trasegado el amplio espacio de la reflexión que permite el escuchar a los demás y de esta manera generar confianza en las instituciones públicas.
Sin importar el credo político, muy por encima de los afectos o inquinas personales, está el desarrollo ciudadano y el fortalecimiento de las instituciones. Invito pues con estas palabras a una reflexión conceptual profunda y prudente alrededor de la cultura y las artes municipales, para que ajenos a cualquier necesidad fundamental (el hambre, por ejemplo), se robustezca un gremio que se debate entre calmar un afán económico a través de un contrato y el fortalecimiento de un oficio tan digno y serio como el arte y la cultura.
Para que una golondrina sí haga verano…


DE SANTIAGO PÉREZ, 15 de julio de 2010

Estimados Asambleístas:

En "calidad" de Exconsejero Municipal de Cultura, les manifiesto que he recibido con simpatía y asombro el cruce de mensajes alrededor de la reunión del viernes pasado, realizada con el fin de fortalecer el Consejo Municipal de Cultura, la autodenominada “Asamblea de Artistas de Chía” y los loables principios que motivan su reaparición.

Digo con simpatía, porque una vez más soy testigo-lector de cómo un poder misterioso y extraño manipula el espacio y el tiempo. Veo con asombro que "alguien" es capaz de hacer del tiempo un espejismo y detenerlo durante los tres años de una larga pero estéril gestión cultural. Todo esto debe ser producto de un pacto secreto o la más pura hechicería.

Sinceramente y con el respeto que SÍ me merecen la mayoría de los asambleístas firmantes, no le encuentro otra explicación a que un grupo significativo de artistas sea parte una vez más de reuniones en donde se discute siempre lo mismo mientras la Subsecretaría de Cultura juega con la reputación y las ideas de los dignos representantes de la cultura y el arte que somos.

Caer una vez más en este debate (que bien recuerdo se realizó hace tres años en el seno del hogar del Maestro Mario Castro), más parece una paradoja Borgiana o un mal juego del destino, que un acto consciente de mis compañeros de artes.

No pretendo con estas palabras sembrar de odio la honorable intención de mis colegas o ser un ave de mal agüero frente a sus iniciativas; simplemente considero que mientras la Señora en cuestión (no vale mencionar su nombre) continúe cual soberana, imponiendo a su antojo su ignorancia, su pasiones personales y arrebatos de autoridad, será imposible una mejora en las condiciones de respeto, transparencia y participación fundamentales para el ejercicio del arte y la cultura.

Mientras no haya concertación, atención e interés por parte de la señora Canal hacia lo que dicen los artistas (perdón por mencionarla), ninguna Asamblea, ningún Consejo de Cultura, ningún Plan Decenal, ninguna conferencia, ningún almuerzo, podrá generar un cambio. Serán simples intentos de alzar nuestras voces e intoxicarnos con el dulce, pero nocivo, hedor de mal llamada “participación ciudadana”. Serán, sencillamente, inoficiosos saludos a la bandera.

Peor aún, el cambio será cada vez más difícil si existen artistas genuflexos o temerosos de exigir lo que nos corresponde, es decir, condiciones equitativas y democráticas para el ejercicio de nuestra profesión.

Para ratificar que el tiempo se ha detenido y seguimos estancados, me permito adjuntar a esta nota mi carta de renuncia al Consejo Municipal de Cultura, escrita hace más de un año y que no deja de ser oportuna y elocuente para mis amigos asambleístas.

No hay mejor muestra que después de un año de mi renuncia y con más vacantes que las existentes a esa fecha, no es una prioridad para la Subsecretaría de Cultura que el Consejo de Cultura sesione en pleno. Es más NUNCA ha sido tenido en cuenta ¿Por qué habría de serlo ahora?

Para la mayoría un abrazo sincero; para esa pequeña minoría el desprecio que me merece su miedo y su pobreza de espíritu.


DE HUGO E. QUINTERO S. 19 de julio de 2010

Estimado Santiago:
Estoy molesto con usted; sí, lo voy a decir sin rodeos: me molesta el tono que ha empleado en su comunicación. Por más razones que le asistan (y estoy de acuerdo con la mayor parte de lo que usted ha dicho en esta y otras), me molesta que nos tome por ingenuos, que se sienta como el único que ha descubierto el juego o por lo menos el más vehemente de ellos. No, probablemente el ingenuo es usted. Yo he dicho en reiteradas ocasiones que a la doctora Canal no sólo no le interesa la conformación plena y efectiva del Consejo de Cultura sino que le incomoda profundamente, por lo cual ha hecho lo que está a su alcance para enredarla (por ejemplo, empleando a su acomodo los reglamentos y desconociendo la voluntad de los participantes bajo el pretexto de que no se ajustan al ordenamiento legal). Eso es una verdad de a puño, y si alguien tenía dudas creo todos los acontecimientos se han encargado de disiparlas.
Y esto se debe a algo que también he venido sosteniendo: la burocracia no está ahí para resolver nada; su objetivo no declarado es entorpecer los procesos sociales: es la herramienta que tienen los políticos para impedir o ralentizar el progreso en todos sus niveles. Porque ¿qué pasaría si la burocracia funcionara adecuadamente? Todo el sistema clientelista se resquebrajaría. El clientelismo se basa en “favores”; los “favores” que le hacen los políticos a las personas. En Colombia, ante las sistemática violación y desconocimiento de nuestros derechos, acudimos todo el tiempo a los políticos para que nos resuelvan ciertos problemas que no deberían ser tales; y por añadidura ¡quedamos tan agradecidos!
Así que siempre he dicho que no me molesta pelear con los burócratas porque sé para qué los pusieron ahí; esa es su función y si no la cumplen los botan. ¿O cree usted que si la “doctora” Canal hiciera lo que debe, si se comportara democráticamente, si fuera respetuosa por los artistas y la comunidad como usted y todos queremos el alcalde la mantendría en su puesto? Justamente, porque se porta como lo hace, es porque sigue ahí… Además, ¿a qué funcionario le gusta que lo fiscalicen? Hasta lógico me parece que un funcionario que toma decisiones prefiera actuar sin tener que rendirle cuentas a nadie; supongo que eso es muy humano…
Así que sepa usted, Santiago, que muchos de nosotros somos muy conscientes de la situación; aquí no hay brujería ni ningún otro evento de tipo sobrenatural, como usted denuncia jocosamente. Una pequeña encuesta se lo podría confirmar. Otra cosa es que vayamos a quedarnos de brazos cruzados, esperando pasivamente, hibernando como osos mientras pasa el invierno, hasta que se acabe el periodo del actual alcalde y sea nombrado un nuevo responsable de cultura. ¿Y qué tal si el futuro alcalde nombra para el puesto a alguien peor? Bueno, tendríamos que esperar otros cuatro años y luego otros cuatro… y así hasta volvernos viejos anhelando a que llegue el funcionario que responda a nuestras expectativas (no olvide que los gobernantes se perpetúan en el poder, ya sea en persona propia, pues la reelección de alcaldes es una posibilidad planteada por el mismo Uribe, o a través de sus herederos). Supongo que usted como profesional de las letras conoce el relato de Kafka “Ante la ley”; si no, se lo pongo de tarea.
Segundo error: usted parece creer en la omnipotencia de la señora Canal; cito textualmente: “Mientras no haya concertación, atención e interés por parte de la señora Canal hacia lo que dicen los artistas, ninguna Asamblea, ningún Consejo de Cultura, ningún Plan Decenal, ninguna conferencia, ningún almuerzo, podrá generar un cambio”. Listo, apague y vámonos. Me parece que usted sobrevalora la importancia de un funcionario, incluso de la administración a la cual representa. Pues le tengo noticias: la señora Canal, como cualquier otro funcionario ni es todopoderosa ni ha sido designada para su cargo por la divina providencia; si el alcalde insiste en mantenerla a pesar de todo… tendrá razones muy poderosas (que no me interesa escrutar). Lo que hay que entender es que las relaciones entre gobernantes y gobernados se basan en una relación de fuerzas; o de pesos y contrapesos como se ha venido diciendo en relación con el equilibrio de poderes entre las ramas del poder público, a raíz de la confrontación permanente entre el presidente y los jueces. Si vamos a repartir culpas (o responsabilidades), creo que la mayor parte de ellas nos toca a nosotros mismos como artistas y como comunidad. Probablemente tenemos los gobernantes que nos merecemos. Pero ¿podemos hacer algo al respecto? Ante todo, hay que decir que DEBEMOS hacer algo; así nuestros esfuerzos estuvieran condenados al fracaso, tenemos que asumir la dimensión trágica de la vida; nuestra lucha no puede medirse sólo en resultados, que muchas veces son fruto del azar. Tenemos que luchar porque esa es nuestra misión. Estoy seguro de que usted, como seguidor declarado de Mockus quedó bastante frustrado por los resultados, pero al mismo tiempo se siente satisfecho del deber cumplido…
Ahora bien: tenga por seguro que nuestros esfuerzos no son en vano. Podemos hacer algo y de hecho ya logramos algo; volveré sobre esto más adelante. Pero también debe entenderse que los procesos sociales son largos, complejos y no lineales. Existen avances y retrocesos; basta con echarle una mirada a la historia. A periodos de brillo y lucidez siguen periodos de oscurantismo y locura. Pero siempre queda un remanente, siempre, cual ave Fénix, la sociedad se levanta de sus cenizas en un devenir inagotable. Y ello se debe a que la llama no se extingue del todo; entre las cenizas quedan rescoldos escondidos que resurgen. La Edad Media, a pesar de la condición general de ignorancia y miseria, conservó restos del esplendor antiguo y aún hubo espíritus poderosos que se levantaron sobre la mediocridad y el fanatismo reinantes.
La sociedad civil tiene mucho qué decir; pero somos nosotros, los que trajinamos en las lides de la cultura, los que debemos asumir el liderazgo y la vocería. Debemos ser incómodos; nuestro cometido es agitar las conciencias, zarandear y abofetear el conformismo y la autocomplacencia. Debemos ser eternos disidentes. No significa que uno no pueda cansarse. Yo, en particular, estuve más de un año marginado de cualquier participación en las políticas culturales; y lo hice por razones muy parecidas a las que usted plantea (cada vez que hablaba con la señora Canal salía malhumorado y despotricando). Ahora he reunido fuerzas para empujar nuevamente; lo haré mientras el ánimo aguante y probablemente dentro de un tiempo me tome otro año sabático; cuando eso ocurra, me gustaría que otros, por ejemplo los que están marginados hoy, tomen el relevo. Creo que de eso se trata: el relevo generacional del que se habla es muy necesario, pero también se requieren relevos periódicos. En cada nuevo intento uno llega con ideas y expectativas un tanto diferentes; hay que renovar y replantear las luchas, pero también hay que renovarse a sí mismos.
¿Podemos lograr que las gentes de Chía despierten de su letargo? Quiero pensar en los términos de la física cuántica (recomiendo el libro “La sociedad cuántica” de Dana Zohar): si configuramos una “masa crítica” se dará un “reacción en cadena”. La pregunta es cuánto tiempo y esfuerzo nos tomará llegar a esa masa crítica y si esta vez el proceso nos conducirá a ella o tendremos que esperar a que otras iniciativas lo hagan. Pero la única forma de responder es intentándolo y no simplemente especulando. La práctica es el único criterio válido de verdad en estos casos.
Por todo esto nos toca tener algo de paciencia y relajarnos un poco, porque la decepción depende de las expectativas. Si esperamos demasiado, de seguro sólo nos quedará la frustración. Está bien indignarse y ser combativos, de hecho es necesario, pero cuidado con las utopías. Al final de cuentas, casi todos nosotros tenemos que trabajar para ganarnos la vida (y los que no es porque están pensionados gracias a una vida de trabajo) y tenemos proyectos personales que demandan tiempo y esfuerzo. Ya bastante difícil es vivir del arte y la cultura y a veces uno se pregunta si vale la pena el desgaste que implica estar en reuniones, en discusiones (con frecuencia bizantinas) y en general en actividades que no traen beneficio alguno y más bien producen conflictos y hasta rencillas personales. Así que lo último que necesitamos es que alguien nos advierta y nos prevenga acerca del nuevo fracaso en el que nos estamos embarcando; créame: somos perfectamente conscientes de los riesgos. Al contrario, lo que necesitamos es que gente pensante como usted nos ayude a entender mejor la situación y a emprender las acciones acertadas.
Por mi parte, he propuesto que, sin dejar de ejercer presión hacia la administración para que cumpla con sus funciones y tareas hacia la cultura, miremos hacia el sector productivo (por esas cosas raras que ocurren resulté elegido para representarlo ante el Consejo de Cultura). Chía es ya una ciudad y aquí existe un gran desarrollo en todos los órdenes; es hora de que los cultores y los empresarios trabajemos juntos; es más, muchos cultores (no todos aclaro, porque no toda actividad cultural es susceptible ni deseable de convertirse en industria) deberíamos volvernos empresarios o por lo menos incorporar a nuestra actividad algunos criterios empresariales. Soy consciente de que las relaciones entre cultura y empresa no son del todo transparentes; siempre habrá intereses de por medio y para el empresario promedio la cultura sólo importa en la medida que le genere algún beneficio directo (ya sea por publicidad o eventualmente por ventajas tributarias). Pero también hay quienes apoyan la cultura de forma desinteresada y en mis relaciones con los comerciantes he encontrado personas muy valiosas que pueden ser aliados importantes. Además existen experiencias que demuestran que los artistas sí pueden encontrar un mercado para sus producciones en el sector privado. Y en la medida que los artistas puedan ser independientes económicamente se reducirá ostensiblemente lo que usted denuncia muy acertadamente cuando se queja de que: “el cambio será cada vez más difícil si existen artistas genuflexos o temerosos de exigir lo que nos corresponde, es decir, condiciones equitativas y democráticas para el ejercicio de nuestra profesión”.
Para cerrar, le comunico que la decisión de convocar una asamblea para elegir a los nuevos miembros del Consejo de Cultura no partió de la administración municipal. Para entender lo que pasó debo hacer un repaso de los últimos hechos:
Hace unos dos meses se volvió a hablar de la necesidad del Plan Decenal de Cultura; no sé con certeza de quién fue la idea (Mario Castro me invitó a una reunión y sé que fue uno de los promotores). El asunto es que en esa reunión se contó con la asistencia de la Dra. Maritza Afanador, quien mostró algún interés por apoyar el proceso (no estoy en condiciones de desentrañar sus motivaciones) y se barajaron varias propuestas, entre otras, las cacareadas mesas de trabajo. En todo caso, quedó muy claro (y yo fui uno de los más decididos al respecto) que era necesario rearmar el Consejo de Cultura, eligiendo los miembros que hacían falta. Se decidió entonces que habría una convocatoria por sectores, tarea que asumió la señora Canal como secretaria técnica del Consejo. ¿Qué pasó? Sencillamente que la convocatoria se hizo de una forma tan pobre (literalmente, porque supongo que no se invirtió un solo peso ni en carteles ni en anuncios en los medios de comunicación y creo que sólo se mandaron correos a los que estamos en la base de datos de la casa de cultura, la cual es muy incompleta) que asistimos muy pocos (a algunas reuniones no hubo asistencia). Resultado: no se eligió a nadie.
El viernes 9 de julio se iba a tener una jornada de capacitación a cargo de Jorge Pinzón, gerente del Fondo Mixto de Cultura de Boyacá; ésta no se hizo porque el señor Pinzón no pudo viajar. Pero como se canceló a última hora, nos reunimos de todas formas alrededor de veinte personas para discutir el tema y llegamos a la misma conclusión: necesitábamos conformar nuevamente el consejo de cultura. Al programar la jornada para el viernes 16, vimos que era la oportunidad para completar el consejo a través de una asamblea. No le pedimos permiso a nadie y ni siquiera le solciitamos a la señora Canal que hiciera la convocatoria; lo hicimos motu proprio y por cuenta propia. Entiendo que algunos miembros del Consejo de Cultura se reunieron con ella, pero con el objetivo exclusivo de informarle de la decisión para que se tuviera en cuenta el espacio para la asamblea antes de la jornada de capacitación.
El viernes 16, en medio de las discusiones habituales logramos finalmente elegir varios de los sectores que estaban vacantes. Un poco a regañadientes, la señora Canal aceptó, aunque sólo se eligieron como representantes en propiedad los sectores contemplados expresamente en el Acuerdo Municipal del año 98 (danzas, literatura, ONGs, y bienes y servicios). Quedaron por fuera sectores importantes como Comunicadores, Juventudes, Patrimonio y Tercera Edad, que contaban con aspirantes. Por sugerencia del señor Pinzón, estos sectores quedaron con representantes interinos en calidad de “invitados permanentes”. Una de las tareas del nuevo Consejo es promover un Acuerdo actualizado, que incorpore estos sectores y de ser posible ofrezca herramientas para que el Consejo de Cultura funcione adecuadamente.
Adicionalmente, el Consejo debería liderar o coordinar el proceso de elaboración del proyecto de Plan Decenal de Cultura. Es una tarea compleja y para ella (así como para cualquier otra que se asuma) tiene que existir una nueva actitud de los consejeros y de la comunidad misma: se deben conformar los consejos de área, participar de manera más activa y exigir la capacitación y apoyo necesarios. Probablemente se requiera una comisión especializada para que haga la relatoría. El Consejo tendría que ser, en principio, el puente entre la comunidad y el estado, pero también entre la comunidad, los cultores y el sector productivo.
Es muy difícil resumir en pocas palabras todo lo que hay que hacer. Apenas he mencionado el Plan Decenal de Cultura (el cual es el pretexto que ha motivado este nuevo proceso), pero si hablo de él no voy a acabar nunca.
Así que para finalizar sólo queda invitarlo a que confíe un poco más en quienes hacemos parte de esta iniciativa (no en los funcionarios, pues ya sabemos qué esperar de ellos) y en el poder de unirnos. Para negociar con la administración tenemos que estar unidos, porque de otra forma no podremos asumir una posición de fuerza. Es imposible negociar cuando existe una excesiva asimetría. Por lo demás, le agradezco que continúe interesado en lo que ocurre con la cultura en Chía y ojalá siga escribiendo al respecto; su opinión es muy autorizada y valiosa aunque tengamos diferencias. De seguro podré esperar una respuesta a este escrito e invito igualmente a todos los demás para que se manifiesten. El sólo ejercicio de redactar es de por sí estimulante y eleva el nivel del debate.

Hugo E. Quintero S.
Consejero de Cultura por el sector de la Producción y los Bienes y Servicios.

Estimado Hugo,

Reciba de mi parte mi más sincero y especial saludo.

He leído su misiva, razón por la cual me permito hacer algunas precisiones en cuanto a su contenido y propósito, ésta es simplemente un ejercicio de análisis libre y espontáneo que usted válida en su respuesta al otorgarme ciertas consideraciones en cuanto a mis ideas, experiencia y currículo. Halagos que agradezco profundamente, no sólo por el lazo de amistad sino la relación profesional que de alguna manera hemos cultivado.

Es más amigo Hugo, no veo una razón tan profunda para su enojo si en muchas de las líneas usted está de acuerdo con mis opiniones. Lo que quizá sí puede ser molesto es la pasión con la que escribí la nota; pero eso colega, es parte del carácter que he demostrado a lo largo de toda mi vida, en todas mis intervenciones y actividades. Usted ha sido testigo de cómo reacciono ante la desigualdad, las contradicciones obscenas y ante todo, la mentira.

Pese a esto, no pretendo generar con mis palabras un alejamiento hacia las personas valiosas y honestas como usted. Reconozco no sólo en su respuesta sino en muchos de sus actos, total sinceridad y personalidad. Valores que aunque trascendentales, los he encontrado en muy pocos artistas. Son más los “genuflexos” y los temerosos, y es por esa razón que dudo de esa unión histórica que usted plantea para mejorar la situación actual la administración cultural y artística del municipio. Los hechos históricos han demostrado algo que mencioné hace tres años en el hogar del Maestro Castro y era que esa unidad nos iba a durar hasta que comenzaran a dividirnos con contratos. Apelando a su sinceridad ¿No fue eso lo que ocurrió? Apenas comenzó la feria del contrato a cambio de lisonjas y demagogia por parte de los artistas hacia la Señora Canal, la Asamblea perdió unidad y muchos de sus más grandes promotores hoy día son áulicos deplorables y cómplices silenciosos de la arbitrariedad y la contaminación administrativa que expele la Casa de la Cultura día tras día y desde hace muchos años.

Confío en usted y desconfío de quienes he visto en esos menesteres serviles. Tampoco quiere decir que considere ingenuos o, lo que es peor, inferiores a mí a los que desinteresadamente intentan hacer algo en el Consejo de Cultura. Aclaro también, que no hablo desde el poder porque nunca lo he tenido (ni aspiro a tenerlo). Simplemente soy sincero y consecuente con el discurso que durante muchos años he tenido. ¿Será desinterés? ¿Será nihilismo? (le dejo el termino de “tarea” también por si no lo conoce… ).

Detesto que existan personas que no puedan respetar su propia palabra. Para mí la palabra es sagrada y representa no un acto de fe sino un compromiso serio con el que escucha.

Por otro lado, sí considero que la Señora Canal es omnipotente. ¿A usted no le parece? Es imposible negar que ha hecho lo que ha querido con la Casa de la Cultura, sus programas y eventos. No es necesaria una reflexión profunda para entender las razones de esta afirmación: altanería, prepotencia, ninguna objetividad, ningún ánimo conciliatorio, contrataciones confusas (pero ajustadas a la ley), afectos personales, privilegios, ausencia de profundidad y calidad… En fin, sería una lista extensísima que sería aburrido y repetitivo enunciar. Pero ahí sigue, entonces sí está demostrado su poder, ¡su abusivo poder! Y seguirá hasta que en un acto de decencia y moral decida por su propia voluntad renunciar al cargo; no porque la echen.

Y usted y yo sabemos que eso nunca ocurrirá.


Es más, nuestro acceso al poder tampoco. Así como usted mencionó al candidato Mockus, puedo ponerle como ejemplo los resultados de esas mismas elecciones para corroborar mi afirmación. Es este un país que publicita ilusiones temporales: educación, salud, arte y cultura para todos, por ejemplo. Esa no es más que una fantasía democrática que no garantiza ningún cambio (ni a corto ni a largo plazo). Paños de agua tibia, pero nunca acciones trascendentales o definitivas.

En realidad nuestro “acceso al poder” o a la toma de decisiones está y estará limitado al reconocimiento que encuentre en la comunidad nuestro oficio y nuestras acciones. Nunca deberá esperarse la bendición todopoderosa de un burócrata. Es imposible pedirle a ese burócrata que hable de arte, de cultura y de democracia participativa, cuando su cabeza ignara está plena de pretensiones seniles, banales y poco transparentes. Lo vemos ahora con esta señora, pero también lo vivimos con muchos otros directores de cultura que olvidaron su oficio y sus deberes para convertirse en defensores de un presupuesto ajeno y un bolsillo propio. Dejaron de ser aristas para convertirse en secuaces y mercachifles.

Sin embargo y pese a este panorama, no veo que haya por qué alarmarse o indignarse. Su trabajo y el de muchos artistas de esta ciudad no ha tenido que depender económica y muchos menos, creativamente de un contrato que “generosamente” le ofrezca la señora Canal. Nuestro ejercicio artístico y creativo sigue incólume y no depende de planes decenales, Consejos de Cultura o recomendaciones. Esta carta es una clara muestra de que a pesar de que existan funcionarios incompetentes o seudoartistas, sólo permanecerán en la memoria de la sociedad aquellos que dejaron una huella indeleble. Y esa huella para nosotros no es otra que la sonrisa de un niño, el agradecimiento de un estudiante por los favores recibidos y el aplauso de un espectador después de una función.



Hugo, sea esta la oportunidad para agradecerle el ejercicio de debatir con una persona que vale la pena. Estoy seguro que estos espacios fortalecen no solo nuestro oficio individual sino también los intereses colectivos. En mi caso he decidido alejarme de lo público pues no encuentro en la dirección de la Casa de la Cultura un interlocutor que este intelectualmente a la altura de la discusión; aunque esto no quiera decir que me aleje de personas y artistas honestos, que como usted, enriquecen con sus ideas mi trabajo.

Estaré atento a cualquier inquietud o requerimiento.

Santiago Pérez J.

DE MANOLO PALLARES, 22 de julio de 2010

Quien pretende ignorar que la cultura de Chia fue sometida a un sacrilegio..
El que no ve ese atentado a la cultura de Chia no sabe de cultura... es un pinche pelagato.
No se deje confundir las politicas de cultura no son cosas imposibles, ya son posible hay un Ministerio de Cultura y hay personas especializadas en ellas, para eso nos preparamos..
Tomar cafe y hablar de cultura hay que mezclarlo con la academia, la ciencia -arte, hay que prepararse y actualizarse.
Ya es hora para que unidos podamos invitar a reflexionar lo que pasa en la subsecretriado de cultura…
Ella solo desea imponer su autoridad, porque no sabe que que es cultura, ni para que es, y en donde comienza.
Solo atiende a su gente que la aguanta y hacer contratacion por toda partes donde se encuentra sus compadres y comadres, ella es una eminencia para hacer mover el trafico de influencia de la politiqueria eso cree que es cultura.
Y no sabe que en chia es un privilegio a que existe gente preparada por monto en la cultura.


PEDRO BELTRAN Actor y Director de Teatro Tecnol. Recreación y Deporte, 22 de julio de 2010

Queridos amigos y colegas del arte y cultura de nuestro amado municipio y del cual todos hemos venido trabjando durante estos años. es claro que el miovimiento cultural y artistico a caido en el peor periodo y todo por la señora quien esta a cargo de la promoción y desarrollo de nuestro trabajo, los procesos y actividades que desarrollamos seguiran siendo manejados por artistas de otros lados sin mencionar de donde a unque todos sabemos que se ha dado mas prioridad a los de afuera, que a la gente que realmente a trabajado para crear un movimiento cultural y de esta manera durante los años anteriores de esta administración el gremio de artista a tenido que presindir de seguir aportando ideas ya que no son tomadas en cuenta y solo desea hacer a su antojo lo que se cree que se tiene que hacer sin tener encuenta lo que que hace y se podria producir en pro del movimiento artistico, muestra de ello la cantidad de reuniones y almuerzo que se realizan en pro de reunir a los artistas para producir ideas, proyectos, propuestas en fin y luego dejarlos en el papel, hasta llegar al punto que cada uno ha tenido que presindir de tener algún contacto con la casa de la cultura.



DE NANCY MARTÍNEZ, La Negra, 23 de julio de 2010

Amigos y compañeros artistas del que fuera un día un municipio ejemplo de arte y cultura a nivel nacional. No dejemos que nuestra sensibilidad sea afectada por personas que no tienen ni idea del valor artistico y cultural que guarda este municipio , la persona que dirije la cultura simplemente esta sentada sobre una mina de oro y no sabe como explotarla ; no sabe los grandes artistas que alberga la Ciudad de la Luna en todas las areas para orgullo de este municipio de este departamento y d e este pais que pena ........ nosotros los artistas de chia podemos demostrar en otros escenarios lo que somos y lo que valemos . hay amigos nuestros que nos abren espacios para eso. Apoyemonos Unidos lograremos mas (El Restaurante Las Puertas,Arte Creciente etc)

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